miércoles, 14 de octubre de 2015

De la época en que los melocotones no sabían a melocotón Y los hombres no tenían tiempo ni de secarse las manos

  
   
Érase una vez una tierra en la que los melocotones no sabían a melocotón ni los hombres tenían tiempo para secarse las manos. En la que ya ni los hechos hablaban por ellos, donde las palabras habían perdido su contenido y no eran nada más que huecos recipientes, era lejana la época en la que la sola palabra era garantía. Una época en la que los niños habían perdido la fantasía y con ella la imaginación, ya no tenían que pensar por sí solos, siempre había un entretenimiento que los distrajera, que lejanos quedaban aquellos tiempos en los que una simple caja de cartón proporcionaba horas de diversión. 

La tecnología campaba a sus anchas, lo invadía todo y había ido persuadiendo a los hombres de que con ella su avance sería imparable, no se daban cuenta de que lo que crecía era ella pero ¿y ellos?, se habían abandonado a su abrazo suave, olvidándose de su interior, que como una casa sin inquilinos, iba poco a poco desmoronándose, por falta de cuidado y vida. La gente ya no salía, estaba tan distraída con sus múltiples cacharros tecnológicos que habían olvidado la libertad que deparaba un viaje sin rumbo. 

La Naturaleza estaba siendo absorbida también, cada vez le quedaba menos espacio donde refugiarse del crecimiento imparable del artificio. Su mirada ya no recorría amplias llanuras, valles inmensos ni bosques inacabables, aún no estaba adaptada decían a esta época, lo arreglaban con gotas, ojo seco lo llamaban, pegados a dispositivos móviles cada vez más avanzados, poco más necesitaban fuera que no fuera una buena conexión inalámbrica y una fuente de energía. La Naturaleza ya no era mágica, no había tiempo para esas simplezas, todo lo tenían controlado y comprobado, no había nada más allá de su vida móvil.

Lo peor de todo, para los que aún recordaban tiempos mejores, era la velocidad con la que pasaba el tiempo, ya no había tiempo ni para tener paciencia, hasta secarse las manos era una pérdida de tiempo irreparable, los dos minutos que su cepillo eléctrico requería para una limpieza bucal eficaz eran un mundo, estaban deseando pararlo para no perder más tiempo, tenían tantas cosas que hacer, no había tiempo. Incluso se llegó a especular con teorías conspiratorias, se decía que alguien o algunos habían hecho algo que había acelerado el tiempo, que habían tocado algo que no debían, algo sobre el eje de rotación de la Tierra, en fin, se buscaban mil razones para explicar la vorágine temporal en que se había convertido la vida. Ya nadie recordaba aquellos momentos felices, hace mucho tiempo atrás, en los que la hora de comer la marcaba su estómago y no un reloj. 

Los niños salían hiperactivos, con TDH decían, no se daban cuenta que ellos no tenían la culpa, ya dentro del útero materno sentían la vorágine que les esperaba tras la esquina, no veían que era un reflejo de la sin razón de su época dónde el reloj se había convertido en dueño y señor de vidas, dónde el estrés campaba a sus anchas, no soltaba a sus presas, sólo las pastillas para dormir daban un poco de tregua dentro de la trinchera. 

Si, el hombre cada vez se parecía más a un robot. Un robot de carne y hueso sufriente, cuyas clavijas saltaban en pedazos ante la imposibilidad de alcanzar el ritmo marcado por los tambores. Se habían convertido en devoradores, lo devoraban todo, nada satisfacía esa ansia de tener, había que alimentar a la máquina, siempre corriendo por no quedar atrás, si no tenías lo ultimo no tenías nada, cada vez el ritmo marcado por la tecnología era más rápido alejándoles más de su humanidad. Había quien comentaba que al final se convertirían en máquinas, poco a poco, irían sustituyendo sus brazos y piernas por mecanismos que les permitieran seguir el ritmo marcado, cada vez más fuertes, más rápidos, con más memoria ¿pero más inteligentes?.

En esta carrera desenfrenada tenían un competidor, la inteligencia artificial, ¿sería un paso más en su evolución y los acabaría sustituyendo?. En esta época aún no se sabía, quedaba lejano, parecía...

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